Bogotá acaba de dar un salto tecnológico en su transporte público. Los primeros 50 buses articulados eléctricos duales ya comenzaron a circular en TransMilenio, incorporando una tecnología diseñada específicamente para una ciudad que está ampliando y transformando su red de transporte.
La particularidad que los hace diferentes está en su capacidad para operar en dos tipos de infraestructura: pueden utilizar las plataformas de estaciones y portales de TransMilenio, pero también circular por vías de tráfico mixto y utilizar paraderos convencionales.
La clave está en algo aparentemente sencillo: tienen puertas a ambos lados.
Esto permite que un mismo vehículo pueda adaptarse a diferentes configuraciones de la red sin quedar limitado exclusivamente a los corredores segregados del sistema.
Cada unidad cuenta con dos secciones articuladas y puede transportar hasta 160 pasajeros.
Según las autoridades de Bogotá, se trata de los primeros buses articulados eléctricos de Colombia y de los primeros articulados duales eléctricos de esta tipología en el mundo.
Una solución pensada para una ciudad que está cambiando
La llegada de estos vehículos no ocurre de manera aislada.
Bogotá está ejecutando simultáneamente una transformación de su infraestructura de transporte, con nuevas estaciones, ampliaciones de corredores y proyectos destinados a mejorar la conexión entre diferentes zonas de la capital.
Uno de los puntos donde esta nueva flota tendrá especial relevancia es el suroccidente de Bogotá, particularmente en sectores como Bosa y Kennedy, donde avanza la extensión de la troncal de la Avenida Ciudad de Cali.
Los buses comenzarán a desplegarse progresivamente a medida que entren en funcionamiento los nuevos tramos de infraestructura.
Y ahí está precisamente una de las ventajas de su diseño: no obligan a esperar a que toda la red esté terminada para poder aprovechar la inversión realizada en la flota.
900 buses eléctricos para transformar TransMilenio
Los 50 articulados son solamente una pieza de un proyecto mucho mayor.
Bogotá tiene prevista la incorporación de 900 nuevos buses eléctricos entre 2026 y 2029.
El programa contempla 631 vehículos eléctricos para la renovación de la flota de la Fase III y otros 269 buses eléctricos articulados y biarticulados asociados a la Fase VI, incluida la ampliación del sistema hacia Soacha.
En julio de 2026, TransMilenio adjudicó precisamente la provisión de esos 269 vehículos de la Fase VI: 157 articulados y 112 biarticulados, junto con la infraestructura necesaria para su recarga.
La dimensión del proyecto permite entender que no se trata simplemente de cambiar unos autobuses por otros.
Bogotá está intentando cambiar la arquitectura energética de su transporte público.
Menos emisiones y menos ruido
La electrificación tiene además un impacto directo sobre el entorno urbano.
Los vehículos eléctricos no generan emisiones contaminantes durante su operación y producen menos ruido que los autobuses convencionales. Esto resulta especialmente relevante en una ciudad donde el transporte y el tráfico tienen un peso importante tanto en la calidad del aire como en la contaminación acústica.
Cuando los 900 nuevos buses estén completamente operativos, TransMilenio estima que se evitarán aproximadamente 57.478 toneladas de CO₂ al año.
El cálculo oficial equivale a retirar de las calles más de 35.000 vehículos particulares.
Pero el beneficio no termina en las emisiones.
Menos ruido, mayor eficiencia energética y una flota tecnológicamente más avanzada pueden modificar también la experiencia cotidiana de millones de pasajeros.
Tecnología dentro y fuera del bus
Los nuevos articulados no solo cambian el sistema de propulsión.
También incorporan un conjunto de Sistemas Inteligentes de Transporte (ITS) destinados a mejorar la seguridad, el control y la experiencia de los usuarios.
Entre ellos se encuentran:
- Cámaras de vigilancia interiores y exteriores.
- Monitoreo de puntos ciegos.
- Telemetría para seguimiento en tiempo real.
- Espejos retrovisores digitales.
- Pantallas informativas.
- Sistema de audio.
- WiFi.
- Puertos USB.
La combinación de electrificación, conectividad y sistemas de asistencia convierte al nuevo vehículo en algo más que un autobús eléctrico: es una pieza conectada a la infraestructura digital de la ciudad.
Una apuesta por un transporte más accesible
El diseño también incorpora diferentes soluciones para facilitar el acceso al sistema.
Los vehículos cuentan con espacios para sillas de ruedas y coches de bebé, zonas destinadas a perros de asistencia y un ascensor para personas con movilidad reducida que mantiene comunicación directa con el conductor.
También incluyen diferentes tipos de asientos prioritarios destinados a responder a las necesidades de distintos usuarios.
La electrificación, por tanto, no se plantea únicamente como una cuestión energética.
También está vinculada a seguridad, accesibilidad y calidad del servicio.
Tecnología fabricada en Colombia
Otro elemento relevante es que los nuevos buses tienen participación de la industria colombiana.
De las 50 unidades, 25 fueron ensambladas por Busscar en Pereira y otras 25 por Marcopolo en Cota, Cundinamarca.
Esto convierte el proyecto en algo más que una renovación de flota.
También representa una oportunidad para desarrollar capacidades industriales vinculadas a la nueva movilidad eléctrica.
Bogotá está entrando en otra era del transporte
Durante años, la conversación sobre TransMilenio estuvo dominada por cuestiones como la congestión, la capacidad, la ampliación de las troncales o el estado de los vehículos.
Ahora aparece una nueva variable:
la electrificación.
Los 50 articulados duales son especialmente interesantes porque intentan resolver uno de los grandes problemas de cualquier sistema de transporte en expansión: cómo hacer compatible una flota nueva con una infraestructura que todavía está evolucionando.
Su capacidad para circular tanto por corredores exclusivos como por vías convencionales convierte al vehículo en una especie de puente entre dos etapas del sistema.
Y los 900 buses previstos para los próximos años muestran que Bogotá no está apostando por un experimento puntual.
Está construyendo, progresivamente, una nueva generación de transporte público eléctrico.
El reto ahora será comprobar cómo funciona esta tecnología en la operación diaria y si la modernización de la flota consigue traducirse en lo que finalmente importa al ciudadano:
Viajes más limpios, silenciosos, seguros, accesibles y eficientes.
